Y todo para luchar contra los mismos sonidos, para creer en las palabras y soñar a ser leídos con respeto. Hagámoslo, por lo menos hasta que el silencio nos lleve por otros caminos.
Quizás ya no quiera darle mi cuerpo a quien no lo merece, quizas tantas historias descartables son pasado ya y no me inquietan como hace varias lunas. Quizás quiera que me amen, que me abracen, que me extrañen. O quizás sólo soy una más de tantas almas perdidas en deseos que no desean, en anhelos ajenos... No lo sé, nadie lo sabe.
¿Podremos cambiar murallas y terremotos por campos y palabras dulces? Quizás, estaremos en proceso, el tiempo lo dirá, como siempre, y si nos ve felices, lo repetirá hasta quedarse mudo, hasta que el viento nos lleve, juntos; hasta que nada importe, si no es que ya nada importa.