Salgo afuera, miro, demasiado. Me dejo atrapar por las pequeñeces que me acompañan todos los segundos de mi vida, pequeñeces a las que no doy importancia, son pequeñeces ¿quién las valoraría?. Miro y encuentro colores nuevos, movimientos nuevos, sonrisas en el aire, palabras con sentido. Miro y me encuentro yo misma dentro de esa danza, quieta, pero dentro, y respiro pensando, recorriendo mi cuerpo con el aire... entrando, viajando, saliendo. Cierro los ojos y no miro más, no pienso más... Soy una pequeñez yo también, de esas a las que no les di importancia ¿quién me valoraría si no yo misma? Una pequeñez como todas...
Máscaras
Y todo para luchar contra los mismos sonidos, para creer en las palabras y soñar a ser leídos con respeto. Hagámoslo, por lo menos hasta que el silencio nos lleve por otros caminos.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Soledad de la cercanía y otras ambigüedades
"Hablemos de la soledad de la cercanía. De la extrañeza de las cosas. No sea que nos hallemos en pos de una dicción legítima.
No nos dirigimos, ufanos, ingenuos, hacia la impenetrabilidad enigmática de las cosas, tan lejos, tan cerca; quedémonos en la antitipia y démonos a golpes con el muro de la a-poría."
-- Martin Heidegger
martes, 14 de diciembre de 2010
Dulce vacío
Lo dijo el viejo en el mar: "cuando uno esta enamorado, escribe y mucho mejor". Una evidencia más del crimen, de esta muerte que ya se hizo, del olvido que tocó mi puerta, se internó en mi ser y dió vida.
Esta vez es dulce no tener nada que escribir, es casi una odisea que ha terminado. A veces uno necesita no tener razones, movilizaciones y solo quedarse en paz, disfrutando de la nada, de un precioso vacío que no necesita agua para llenarse, una quietud inmensa, confortante, desenamorada.
No hay razones para escribir, no hay inspiración... y por primera vez, es magnífico.
Esta vez es dulce no tener nada que escribir, es casi una odisea que ha terminado. A veces uno necesita no tener razones, movilizaciones y solo quedarse en paz, disfrutando de la nada, de un precioso vacío que no necesita agua para llenarse, una quietud inmensa, confortante, desenamorada.
No hay razones para escribir, no hay inspiración... y por primera vez, es magnífico.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Vientres
Quizás no es el mundo el que se cierra,
quizás sólo es uno,
que intenta buscar caminos
dentro de los surcos
de vientres propios.
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