Máscaras

Y todo para luchar contra los mismos sonidos, para creer en las palabras y soñar a ser leídos con respeto. Hagámoslo, por lo menos hasta que el silencio nos lleve por otros caminos.

martes, 31 de agosto de 2010

Forma de despedirse

(...) Después de haber soñado juntos, de haber llorado y compartido una pieza de hotel, lo único que quedaba era esperar el adiós.
Él tomó una toalla y caminó hacia la ventana pensando que ella dormía. Se equivocaba, esa mujer nunca se perdía nada de sus minutos juntos, no se dejaba llevar por el cansancio o la dejadez en esos momentos, esos últimos momentos...
Y es que quizás, al verlo ahí parado sin ropas que lo condicionen y una maraña en el pelo que sólo hablaba de él, se dió cuenta de que era un pobre hombre, un hermoso pobre hombre que nunca había logrado su sueño de ser cantante de rock, ni había viajado por el mundo en busca de historias. Ella lo sabía, él no lo había dicho, pero era inteligente y le gustaba observarlo. Lo miraba y conocía sus frustraciones; ya había pasado el tiempo, había crecido, ya se había equivocado, pero no había logrado nada de lo que alguna vez soñó -y seguía soñando-, todo se veía en sus brazos de hombre y en su forma de reír, en sus ojos, en sus errores, en sus decisiones.
Ella se quedó mirándolo ahí parado, observando la ventana con cara de melancolía, perdiéndose en su infancia. Y ella vió todo, escarbó en su espalda, en su corte de pelo, en la cicatriz y el tatuaje que tantas veces quizo amar. Vió todo y se quedo callada, sabía que él no quería oír esas palabras, no quería afrontar que ella se daba cuenta y que contaba el tiempo para el adiós. Era un pobre hombre rodeado de problemas y poca inteligencia para superarlos, un pobre hombre que se iba a ir de su vida -de la de ella- porque una mujer así no iba a atarse a una pasión tan inútil.
Ella se quedó mirándolo, amándolo en silencio y recorriéndolo, quizás esa era su forma de despedirse de él.

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