Excéntrica, comía lo que a nadie le gustaba, vestía las ropas de su abuela, jugaba juegos de hombre y nunca lloraba, jamás. Los pobres perros mojados que se enamoraban de ella eran como veneno: los ponía en un vasito, les daba unas vueltas sin sentido y los tiraba a la basura para que no la lastimaran demasiado.Un día un tipo la quiso domar, el pobre se bailó un tango, le cantó una canción. Casi casi que la poseyó... Qué pena, no pudo.
Era bellaca como ella sola, sin dudas.
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