Ella era una típica contemporánea, el pelo en rodete, los ojos delineados, la desconfianza en la cara y los pocos kilos de la moda, tan común que hasta a veces se creía especial.
Una mujer que, aburrida de tanto presente, construyó una máquina del tiempo y llegó a la edad media. Jugó un rato, gastó su tiempo, río un poco... y en esos campos que hoy ya no existen, conoció su desdicha: un hombre alto, diurno, ¿con calzas?, típico de la época, tan común que se creía extraordinario.¿Por qué la desdicha? Era esclavo.
Ella tuvo que volver a su tiempo, a su rutina, a sus ansias de ser distinta. ¿Él? El se quedó en el medioevo, por supuesto - hay deberes humanos que nuestra mente no sabe derrumbar, ni aunque desfallezcamos por cumplirlos.
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