Como todos los aniversarios, se acercaba a la retacería de su amiga y luego de contarle las historias que sólo a ella le importaban, se llevaba los tres metros de bandera "celeste como el cielo y blanca como la libertad" - eso decía. Se cantaba todo el himno, le ponía un lazó al perro y la escarapela brillaba en su pecho. Escribia algún poema lleno de ideales, se acostaba y dormía, llena de un gran placer nacionalista.(...)
A la mañana se levantaba y, como todos los demás días del año, prendía la tele, le dedicaba una triste mirada de resignación, subía a su auto, quizás agredía a alguno de sus vecinos y pasaba las demás horas trabajando al servicio de alguien que nunca le prestó el oído. Llegaba a su casa, pensaba en lo hermoso que sería salir de ese chiquero de país y se acostaba, con alguna esperanza revoloteando en sus sueños.
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