Creo que nunca dejé de ser yo y sólo tengo que aprender a perdonarme. Olvidar y saber. Cerrar los ojos ante tanto verde y así, libre y en blanco, caminar por la arena, sentir que me quema y lo agradable de pisarla. Sólo ir hasta el mar, enfriar los pies, correr un poco y descansar. Perdonarme.
Y es que en verdad son todos juegos propios, sólo sueños de una vida que quiero vivir, y que nunca llegará, no por imposibilidades, no por desilucionarme, sólo porque me espera una mejor.
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