Siempre te diré lo mismo cuando vengas arrastrando las sonrisas, con las penas en el bolso -repetiré la fórmula y no por falta de originalidad, sino por exceso de desdichan sin solución.
Cada vez, más despacio, diré que abras las ventanas: un poco de sol no le hace mal ni a tu piel descolorida ni a tus ojos, acostumbrados a lo opaco.
(...)
Sí, corré las cortinas también y sentí, sentí cómo el mundo es demasiado grande para gritar por insignificancias, sentí cómo la naturaleza puede ser tu mejor amiga y, al final, sentí como el aire te llena y no te pide nada a cambio, eso es amor, y esta dentro tuyo.
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