(...) Vamos archivando las cosas que nos hacen temblar, pero no las dejamos como un libro sin marcas que al tiempo abrimos y no recordamos haber leido... No. Le ponemos rótulos, marcas de color, "un resaltador", corazónes tristemente felices y carátulas pintadas a mano.
Todo para que el olvido no se las lleve.
Las dejamos ahí, arriba del escritorio y cada vez que nos levantamos, un color tiñe hasta las horas que no debería. "Y todo porque en tu mundo no existe el olvido".
No hay comentarios:
Publicar un comentario